GRAN MERCEDES
Venimos comentando con asiduidad que A-M-A-M-O-S a mi tocaya Mercedes. Y no es para menos después de ver la última gala de GH el pasado jueves 11 de Octubre. Mercedes volvió a deslumbrarnos con un peinado marca de la casa, eclipsando todo lo que después iba a acontecer durante el programa. Un trabajo digno de peluquería canina que solamente una gran profesional de la televisión como ella podía lucir con toda la naturalidad del mundo. Un personaje que sin duda ha trascendido la figura del periodista, comunicador o conductor de un espacio para consagrarse como una showwoman que televisivamente hablando es un fin en sí misma. Apenas necesitamos que conecten con la casa.
Marisol Isombra me comentó muy acertadamente que la Milà y Roisin Murphy están viviendo etapas similares en sus vidas. Las dos están muy seguras de sí mismas, disfrutan como enanas con lo que hacen, y lo más importante, están totalmente desatadas. Prueba de ello fue que la singular presentadora volvió a contraatacar con su gusto por mearse en la ducha, sabiendo el estupor que levanta este tema en plató y en nuestras casas, a lo que añadió sin pudor, “sí, ya sabéis que soy una guarrilla”.
Además de todo lo que implica su identificación total con el concurso (suspiros por Piero, broncas a los ex-concursantes que hablan más de la cuenta, mensajes de solidaridad, peinados extravagantes, el “garbancillo” de Amor, interacción con los cámaras y el regidor del programa, campaña anti-tabaco, etc.), la locura de Mercedes está salpicando también su programa de investigación periodística “Diario de…”. Atrás quedaron contenidos light como los verdaderos componentes del tabaco, los efectos de los desequilibrios alimenticios o las consecuencias del cambio climático. Mariconadas. Una Mercedes embravecida ha decidido que ahora le toca el turno a boicotear a falsas cirujanas plásticas en su propio domicilio, a enfrentarse a una panda de Latin Kings en un parque y a solucionar in situ el problema de la inmigración. Y es que Mercedes esperaba la llegada de un cayuco en un muelle de Tenerife con el servicio de ayuda inmediata para comprobar en primera persona lo que allí se terciaba. ¿Os imagináis a esos pobres desfacellidos que acaban de llegar a la costa española y se encuentran a una dinámica Mercedes con el chaleco de la Cruz Roja enfundado ofreciendóles agua y aseándolos? Yo creo que los debió apañar en cuestión de segundos… Esperamos ansiosos que el programa consiga en breve una dimensión internacional para ver a Mercedes infiltrada en las FARC o plantando cara a la junta militar birmana al lado de los monjes budistas. ¡Viva Mercedes!