EMPIEZA EL CHOU

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Hace una semana que empezó la novena edición del concurso Gran Hermano. El buen quehacer de Mercedes Milà y que seamos un rato cotillas han resucitado de nuevo un formato ya caduco, pero que promete a priori muchos momentos de dislate. Como buenas seguidoras del mismo iremos comentando y puntualizando cada vez que lo creamos oportuno, y para ello creamos una página dedicada al programa que durará lo que dure éste y que usaremos como desahogo particular.

Nos congratulamos de que la Milà siga poseída por defender “su” programa, que luzca corpiños ajustados que el cámara no se atreve a enfocar y que ojalá en breve vuelva a lucir peinados dignos de Bowie. No se nos ocurre mejor conductora de este programa que ella. También se prevé que los debates serán un éxito garantizado, con el tridente de lenguas afiladas Alcayde-Lozano-Belén felizmente recuperado. Ayer empezaron a cuchillo con esa pobre desgraciada que ha abandonado la casa todavía no sabemos muy bien por qué. Como bien le espetó Belén Rodríguez a la tal Rebeca en su cara, “me alegro de que alguien tan maleducado y ordinario como tú esté fuera de la casa“.

Y es que la malagueña quería esconder su palpable mediocridad atacando a Amor sin compasión. Está claro que hay situaciones en la vida en las que no es lo más conveniente tontear con cuatro hombres a la vez, pero no nos llevemos las manos a la cabeza: la canaria solamente tiene 18 añitos y está sondeando cuál es el chico que le gusta de verdad. Y además, ya parece haber elegido: Rodrigo es el afortunado. A mí personalmente esta cata a cuatro bandas me parece lo más normal del mundo teniendo en cuenta su juventud, dónde está y que no tienen nada mejor que hacer en la casa. Como muy bien dijo la Alcayde a colación de esto, la muchacha está disfrutando de los hombres como nunca antes pudo hacerlo porque en la casa no conocen su secreto mejor escondido (y es literal, porque citando a la gran Milà, “¿Dónde guarda su paquetito?”).

amor-gh.jpgHabría que decirle a esta Rebeca choni de mucho cuidado que la condición femenina no la necesita en absoluto para dictar unas pautas de comportamiento comunes a “toda mujer” o al “hecho de ser mujer”. En todo caso, es ella la que debería apuntarse que cada mujer puede ser y hacerse a si misma según le salga del coño, con perdón. Por lo que respecta a la ordinariez de Amor, que no la discuto, solamente añadiría que a ella en cambio se le nota que ha leído al mejor Shakespeare, que viste con la elegancia de Rania de Jordania y que en dos días lo único que hemos comprobado es lo que le gusta darle al “jarro” (y lo mal que le sienta). Pero perdón, claro, esos sí que son comportamientos típicamente “femeninos”, ¿no? Ya lo dijo Belén, “tú has salido porque estabas avergonzada de ti misma“.

No podía dar crédito a estar delante del típico testimonio de “no tengo nada contra los transexuales“, pero “éste no será una mujer en su vida“. Por lo visto aún hay gente que cree que EMPATÍA es una marca de colonia. Amor tiene un cacahuete o quiste (como ella mismo lo llama, según su madre), sí, pero no por ello es menos mujer que ella. No va a ser esta mindundi poligonera la que decida quién puede sentirse mujer o quién no. De todas formas, mejor que se dedique a lo suyo, que bastante tiene. Después de recibir a su hermana que no había visto en la vida como si le presentaran al repartidor de fruta y de pasar de ella lo indecible los pocos días que la otra aguantó en el programa, decide que se siente mal anímicamente y abandona. Quizás lo que debería preguntarse a si misma es por qué resulta tan patética.

Afortunadamente para el sentido común, Belén y Jordi González no desperdiciaron ni una ocasión para humillarla públicamente, y es que a esta clase de sujetas es mejor no darles bola bajo ningún concepto. No consiguió aclarar por qué había abandonado la casa, para ver a sus amigas y estar tranquilamente en su barrio, dijo ella, de donde hubiera sido mejor que no hubiera salido en la vida.

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