DIÁLOGOS DE MADRID (10)
Mercedes Piporre: Salimos a la calle y, de camino a la Plaza Mayor, nos paramos en el primer bareto que encontramos.
Marisol Isombra: Sí, y la animal de Titania se pide un bocadillo de calamares y una caña. Yo con el estómago hecho polvo, recuperándome con coca-colas, que se me revolvía todo de verla comer con esa soltura.
M.P.: Al menos esta vez no pidió callos, que no sería la primera vez. El espíritu divulgativo que nos embargó la noche anterior seguía presente. Cuando tú volviste del lavabo, estábamos enfrascadas en otro tema vital, esta vez la corrupción marbellí.
M.I.: Cierto. Después de “desayunar”, ella ya se fue, tenían que vestirla y maquillarla para la manifestación, debían ser las 12 del mediodía. Y nosotras nos fuimos otra vez a la plaza de San Ildefonso a ver una carrera de tacones.
M.P.: ¡Dioss! ¡Había olvidado esa carrera! La plaza a pleno sol era un horno, pero con lo animada que estaba la gente ni se notaba. La presentaba Eva Hache, que estuvo tronchante para variar.
M.I.: Sí, las iba soltando: “Me encanta venir plana a este tipo de eventos”. O se metía con los concursantes: “Este hombre que ha venido con una camiseta de croché y un pantalón de polipiel, de esos que te sientas en el sofá y ya no te puedes levantar por el sudor que los deja tiesos”.
M.P.: Es que había cada una… De este viaje ya podíamos sacar dos máximas para la vida: primero, la marica no es alguien you can trust; segundo, la marica desconoce el pudor, el ridículo y la vergüenza.
M.I.: Y de la carrera de tacones ya nos fuimos al hotel a descansar, aunque antes pasamos por las tiendas de Chueca. Yo me compré el dvd de cortos de Rafatal (donde La Prohibida hace de puta burgalesa en uno), la reedición de “Flash” de La Prohibida y un par de singles de la Terre con el himno del Europride “Libérate” cantado en 5 lenguas distintas y versión karaoke.
M.P.: Sí, y yo el single en cuestión y el dvd “¡Viven!” de Fangoria.
M.I.: Llegadas al hotel, intentamos dormir un rato, pero me puse a leer un artículo sobre Lluís Llach en la Rockdelux que nos atrapó de tal manera que ya no dormimos.
M.P.: A ver, es que lo de ese hombre es muy fuerte, a mí hasta llegó a fascinarme (con lo que ello implica). Cuando leíste que le había dedicado un álbum a su segunda residencia en no se qué pueblo catalán del Priorat y otro a una revolución de un país del Tercer Mundo y cosas por el estilo, como un tema que hablaba sobre una gallina, me dejó perpleja. Esa capacidad por dedicarle un canción a la vila de Les Borges Blanques en el año 70 y que ésta se acabe convirtiendo en un himno revolucionario contra la opresión que sufrió el agricultor armenio durante la década de los 90 me pareció lo más.
M.I.: Estábamos realmente positivas, porque para acabar cogiéndole cariño a Lluís Llach hay que estar muy, pero que muy predispuesta.
M.P.: Total, que con Llach recargamos las pilas, nos duchamos y salimos otra vez a la calle. Debían ser las cuatro o así y nos fuimos a comer.
M.I.: Acabamos en un bar de menús donde todas las mesas estaban llenas de maricas, para variar: una troupe de lesbianas catalanas y una de tres tíos de la tribu de las tatuadas.
M.P.: Y no estábamos en Chueca.