DIÁLOGOS DE MADRID (8)
Mercedes Piporre: Y serían las 3 que recibiste la enésima llamada de Titania, ¿no?
Marisol Isombra: Sí, como contigo no se atrevía, a las 3, en mitad del show de La Prohibida, me volvió a llamar. Esta vez me dice que si aún estamos en San Ildefonso y que en 20 minutos llega. Recopilemos: a las 12 la digo que estaremos en la plaza unas 2 horas y ella me dice que antes de las 2 estará ahí. Son las tres, no ha aparecido aún y llama para informar que aún le faltan 20 minutos… Después de esto, a mí se me acaba la batería del móvil también y decido pasar ya del tema. Seguimos subidos en las sillas viendo The Forbidden.
M.P.: Y, de repente, en la última canción del concierto, “Flash”, aparece de entre la multitud con un corte propio de peluquería canina (véase foto).
M.I.: Cuando te vio la cara a ti, se asustó. Le pusiste una cara de “ahora ya no tengo ganas de verte, ya no hacía falta que vinieras”.
M.P.: Te diré. Aparece borracha perdida siete horas tarde, a nadie le puede apetecer ya verla. Y diciendo: “Era mi última clase, no podía perdérmela” (¿Acaso va a una escuela nocturna?).
M.I.: Pero si la clase terminaba a las 6 de la tarde… Qué morrazo… En fin, con toda su castaña, se sube a mi silla y empieza a bailar “Flash” como loca; y casi nos caemos de la silla…
M.P.: La Prohibida se despidió entre grandes ovaciones. A las de primera fila les decía: “Calma, fanáticas, calma”. Qué grande.
M.I.: Y de ahí nos fuimos a un garito, donde habíamos quedado con otras amigas y todo el mundo estaba en la calle cerveceando.
M.P.: Y empezó entonces el show de Titania: después de cambiarse la camiseta conmigo, el primer tema que saca es mi novio, mi familia y mi vida en general. Me incitó a que me marchara a Sydney a vivir y que lo dejara todo.
M.I.: Cambio radical, que diría Teresa Viejo. Lo mismo me hacía a mí hace dos años. Suele tener razón en algunas cosas que dice, pero: punto uno, sacar el tema de buenas a primeras es feo; y punto dos, que a alguien que nunca ha tenido pareja sea fanática de los temas de alcoba conyugal es algo descarado.
M.P.: El ambiente no estaba caldeado suficientemente que encima nos invitan a una ralla…
M.I.: … De caballa.