BACK TO BLACK

back-to-black.jpgNo resulta nada corriente, al menos en los tiempos que corren, que te resulte tan bonito que alguien te cuente sus vivencias. Este es el caso que nos ocupa. Amy Winehouse, con tan sólo 23 años, ha conseguido cautivar a medio mundo con su segundo disco, “Back to black”, con el que ha llegado a ser comparada con la mismísima Billy Holiday o Lauryn Hill.

Amy se crió en el sur de Londres, siendo la música lo único que parecía interesarle en esta vida. Absorvió por completo los gustos musicales de sus padres, amantes del jazz, desde Ella Fitzgerald a Frank Sinatra y en su época adolescente tampoco le hizo ascos a grupos como las TLC o Salt’N'Pepa. Una esponja, vamos. Y en todos los sentidos: la prensa se ha encargado de recordarnos constantemente su tendencia a beberse hasta el agua de los floreros, además de su trayectoria como habitual fumadora de porros. Todo ello para combatir su desasosiego, según cuenta ella (igualita que Pessoa, vamos).

Con “Back to black” ha conseguido renovar el jazz, el soul y el R&B y lo ha sabido dotar de un sonido que destaca por su sencillez pero que te atrapa hasta la catarsis. Esta obra maestra ha sido producida por Salaam Remi, que ya trabajó con ella en su primer disco, ”Frank”, y ha contado con la feliz participación de Mark Ronson, colaborador ocasional de Christina Aguilera y Robbie Williams, que ha sugerido un sonido que nos recuerda por momentos a los girl groups de los 60. El primer single fue “Rehab”, acerca de su negativa a asistir a terapia para rehabilitarse de su problema de alcoholismo: “They tried to make me go to rehab, I won’t go go go, I’d rather be at home with Ray” (Charles). “You know I’m no good” fue el single de presentación del disco en U.S.A., mientras que “Back to black” habla sobre la amargura del amor : “We only said good-bye with words/ I died a hundred times/ You go back to her/ and I go back to black”, y nos muestra en el videoclip a una Amy de plañidera sobre una tumba donde se lee “R.I.P. El corazón de Amy Winehouse“. Tremendous. El cuarto single y último por el momento, “Tears dry on their own” es un brillante homenaje del éxito de la época de la Motown “Ain’t no mountain high enough”. Tan solo puedo decir: ¡Eres grande, Amy!

Veredicto: 9/10.

Lo que más: Su prodigiosa voz y ese himno ineludible para todo aquél al que el amor haya puteado alguna vez, “Back to black”.

Lo que menos: De momento que “Mr. and Mrs. Jones” no sea single, pero tiempo al tiempo.

Amarican choices: ”Rehab” llegó hasta el top 3, pero “Back to black” hará justicia al disco.

Anexo: Amy en el FIB. Aquí un servidor tuvo el honor de tener a Amy sentada en la mesa de al lado, jugando a cartas y cubata en mano, unas horas después de su concierto en el Festival de Benicàssim.  Con un pelucón por montera que abultaba más que todo el resto de su cuerpo, diminuto y delicado, resultaba magnéticamente atractiva. Por no ser guapa, por ese abuso del eyeliner y del rimmel, por esa boca de caballo y por ese cuerpecillo a punto de romperse que, aunque ocupara poco espacio, imponía una gran presencia. Igual que en el escenario: rodeada de una banda de negros que sonaba de maravilla, ella era el centro indiscutible. Movía su cuerpo sinuosamente, sin ninguna estridencia pero algo hipnóticamente, se limitaba a decir “thank you” al final de cada tema y no era para nada complaciente con el público. Ni falta que le hacía. Su música, su voz y su espectáculo (como si estuviera en un bar de negros de Detroit), con los dos negros que hacían los coros y aportaban movimiento al escenario con sus coreografías, eran más que suficientes para tener al público encandilado. Pero ¡qué voz! Parecía imposible que de un cuerpecillo tan enano y joven saliese esa voz desgarradora, de negra de 60 años castigada por la vida, el amor y el alcohol. Sencillamente, chapeau.

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