DANCING QUEEN FESTIVAL

El cartel en cuestiónTHE GOOD:
- Los conciertos de la casa Austrohúngaro: Hidrogenesse y Chico y Chica. A Hidrogenesse los veíamos por primera vez; como su último disco, “Animalitos”, nos encantaron. Se presentaron como los teloneros de Malena Gracia, y es que, ironías de la vida, tocaban efectivamente los primeros y justo antes que Malena. A pesar de este injusto trato, ofrecieron un digno repaso a varias de sus grandes canciones. Hicieron una versión anti-melódica de su hit “No hay nada más triste que lo tuyo”, que seguro algunos calificarían de deconstruida, como las ensaladas de diseño. Fue allí cuando decicí definitivamente que “Disfraz de tigre” es una de las mejores canciones del año, sin duda la mejor española. Chico y Chica salieron con unos estilismos a base de harapos de colores varios cosidos entre ellos, como para desfilar en Milán, vaya. Una vez más, brillaron por su simpatía, salero y desparpajo (parezco una presentador de “Noche de fiesta”). Cantaron los nuevos temas del magnífico single “Bomba latina”, que cada día me gusta más y más. Como cada año, hacen continuas referencias al nombre del festival: si el primer año destacaron lo hetero-friendly del asunto, este año modificaron la letra de su versión “Marionetas de pueblo”, matizando que ” por las fiestas Dancing Queen”. El momento más profundo de su concierto fue cuando Rosa/Rose nos dijo: “Aquí dentro… pues sí; pero fuera… mmm… no”. Era irrefutable. Actuaron (y menos mal, porque la vez que los pusieron arriba fue un agobio) en el escenario grande, que a ellos les encanta para correr libres cual cabrillas con esas tirillas que tienen por piernas.

- Yurena: Fue entrañable porque la mujer estaba super agradecida y no nos trataba como a ganado, que ya fue todo un detalle dentro de la tónica general del festival. Yurena ya tiene categoría de mito y es agradable verla, aunque haga remembers (que, todo hay que decirlo, están muy bien) y poco nuevo tenga que ofrecer. Vamos, que nos cayó muy bien a pesar del circo mamaracho que se montó y aún se monta a su alrededor. Todo fue como muy minimal: ella sola en el escenario, sin bailarines, colocada estáticamente en el centro, con peluca y collar de charlestón y movimientos a base de espasmos musculares bruscos, a caballo entre un robot y una abuela bailando dance. Lo que más nos impactó es lo extraordinariamente agradecida que se mostraba ante los aplausos y ovaciones del público. Hacía reverencias solemnes y en una ocasión nos dice: “Tengo que preguntaros algo que es muy importante para mí: ¿estáis a gusto?¿estáis disfrutando de…(pausa) la actuación?”. El público afirma entre chillidos y vítores y ella sigue: “Gracias, ahora sí que estoy realmente a gusto, necesitaba saberlo”. Claro, después de tal arrebato de empatía, acabó despidiéndose con frases tipo “No os olvidaré”, “Nunca me habñia sentido tan a gusto”, etc. Debe estar tan acostumbrada a situaciones incómodas que la entrega incontrolada de las maricas catalanas le tocó la fibra. Se fue, y ya todo el mundo estaba girado, a otro rollo, bebiendo o yendo al lavabo, cuando se oye: “Hola, vuelvo a estar aquí”. Y todo el mundo se gira y ahí estaba, de pie con su micro, para cantar un último tema. Fue el bis más inesperado de la historia.

- Locomía: Hay que decir que realmente nos gustaron, y no sólo por lo superficial. A mí me parecieron muy profesionales (principalmente Manuel Arjona, miembro original superviviente) y muy chulo todo el lío que se llevaban con los abanicos (que yo no viví en su momento ochentero). No sabía que se podían hacer tantas cosas con un abanico y encima quedar elegante. Y la música también me gustó mucho, creo que un día de estos me compro el disco. A pesar de este análisis serio, no podemos obviar que quedamos desde el principio sugestionados, fascinados y obnubilados por Victor, el que llevaba la voz cantante, menos ducho con los abanicos, pero ni falta que le hacía. El hombre.
THE BAD:

- Josmar: no es que estuviera mal, pero es que realmente aquello no había por donde pillarlo. Aunque nos dimos cuenta que a quien ha querido imitar Josmar todos estos años es a Sabrina Salerno. No sé como no caímos antes. Con su habitual tanga y estética ligeramente leather (que me perdonen los leather de tomo y lomo), cantó sólo cinco temas, y uno lo repitió. El tracklist: Girls girls girls, Hot boy, Condenado, Girls girls girls i Superfort. Un poco extraño, no sé yo si había necesidad de reccuperarlo, aunque realmente está tan chiflado que tenía algún momento gracioso.

- Malena Gracia: Tan sólo terminar su primer tema, ya había alguien desde el público que le gritó: “¡Enséñanos las tetas!”. A lo que ella ya se empezó a hacer la picha un lío: “Las tetas, sí, aquí están, y operadas, que yo lo digo, no como otras que no lo dicen, yo no tengo ningún problema en decir que me operado, jajaja”. Y esto fue básicamente toda su actuación, un seguido de justificaciones y de monólogos en los que se empezaba a liar y a darle vueltas a distintos temas haciéndole perder cualquier atisbo de naturalidad. Vamos, que se metía en cada berenjenal que la hacía parecer demasiado forzada en todo lo que decía. Otra de sus supuestas armas era el constante alardeo de su supuesta bisexualidad, porque, sinceramente, si alguien es bisexual, homo, hetero o lo que quiera, no necesita repetirlo y recordarlo cada dos palabras, lo es y punto. Por ejemplo, saludaba a una amiga llamada Susana Reche, que se suponía que estaba en el público, sin cesar de mencionar el cuerpazo que tenía la jamelga en cuestión. Pero no una vez ni dos, sino cuatro o cinco veces. Pues mira qué bien. En lo referente a la actuación, cantó por un lado “Una noche más” de J.Lo como si la hubiera compuesto ella la noche anterior y, por otro, una canción llamada “Infinitamente gay”, que yo creo que pasó como una cosa frívola cuando en realidad nadie se dio cuenta de lo dura que era la letra, con frases tipo “ellos no son para mí, infinitamente gays” o “sus deseos son mis deseos”. Vamos, una historia de una mujer enamorada de gays los cuales, obviamente, no le corresponden. Frustración en carne viva. En definitiva, que la muchacha parecía simpática, pero algo perdida, y eso hacía que todo resultara muy falso y forzado.

- Pop Bar: Las actuaciones en la sala pequeña fueron más bien flojillas. Las Nancys ya las tenemos demasiado vistas y poco varían, aunque los estilismos seguían siendo impecables. Y a Pinkglove la vimos tan sólo 30 segundos para corroborar que nos sigue pareciendo patética. Y no diremos más para no ser negativos ni crueles.
- Sophia Lamar: Esta actuación, más que mala, nos pilló demasiado por sorpresa. Una transexual con tipazo de escándalo, subida sobre unos alucinantes tacones y versionando el “Rape me” de Nirvana. Demasiado gore para 11 de la noche. La muchacha bailaba muy bien y se movía con una rabia y una energía de aúpa, pero tampoco nos resultaba muy interesante.
- La Terremoto dj: Demasiado desfasado todo. Claro, salir a pinchar a las 3 después de varias horas de catering gratis en el backstage es muy poco profesional. Al menos esta vez no venía la de UPA Dance que en abril acabó medio en pelotas tirada por el escenario. Nos gusta la Terre, nos cae bien, pero ya estas tonterías como que no, y menos cuando se van uniendo miembros de la troupe al escenario. La ordinariez no tiene porque estar reñida con la inteligencia.
- La organización, el público, el precio: Esto, sin duda, fue la NOTA NEGRA del evento. De 15 euros a 30 (!!!) en dos años, con un cartel que ni por asomo se acercaba a los anteriores, con actuaciones que estarían bien como anécdotas, pero no como supuestos platos fuertes. Una es petarda con mucho orgullo y afán, pero de ahí a que te traten de mamarracha a la que se le puede echar cualquier cosa que va a tragar hay un paso de gigante. Con lo entrañable que fue el descubrimiento de este festival en 2005, que nos pilló totalmente por sorpresa y nos emocionó tanto. Y, bueno, lo del público es para echarles de comer aparte, cada vez a peor. Gente super pasada sin educación alguna (lo digo por los golpes y empujones que nos llevamos) que les da igual que encima del escenario esté actuando Chico y Chica que Sabina, la cuestión es hacer el animal y ponerse ordinarias. Chusma, vamos, y me sabe mal decirlo.
& THE QUEEN:
- Desgraciadamente, y ya es raro en un festival gay, no hubo reina. Bueno, podríamos dar la corona a la aportación de Austrohúngaro, pero poco más, aunque muchas de las que estaban en el Razz el 28 de junio (especialmente entre el público) se lo creyeran. Pero, bueno, no hay mal que por bien no venga, y a falta de reina, descubrimos al rey: Víctor. Ese hombre…

2 Responses to “DANCING QUEEN FESTIVAL”

  1. Jarvis Says:

    Olvidé comentar que se nos apareció por sopresa Rebeca, la de Sants, para cantarnos “Duro de pelar” y “I love u mi vida”. Y la gente enloquecida…

  2. Spooky Says:

    Totalmente de acuerdo en que el rey indiscutible de la velada fue Victor… Madre del amor hermoso!

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