PERSÉPOLIS

persepolis.jpg¡Da gusto empezar el año con una peli tan divertida! Si bien siempre tienes ciertos temores ante una cinta basada en una novela gráfica, en seguida se disipan todas las dudas gracias a la solidez de la historia y lo bien contada que está, de forma autobiográfica. Otro de los platos fuertes de la peli dirigida por la propia Marjane Satrapi en colaboración con Vincent Paronnaud, está claro, son las voces de Chiara Mastroianni y Catherine Deneuve doblando a la protagonista y a su madre, Tadji, respectivamente.

El hecho de que “Persépolis” sea una película animada y no esté rodada con actores de carne y hueso contribuye a que conserve el encanto general de la historia, una historia universal gracias al blanco y negro (solamente son en color las escenas en París) y que cobra significado en cualquier rincón del planeta donde se persiga la libertad de expresión. La película no está narrada viñeta a viñeta como si de la propia novela gráfica se tratara, y se inspira mucho en el expresionismo alemán y en comedias de situación del cine italiano. Una perfecta conjugación de humor y drama. 

Marjane vive de muy pequeña la caída del Sha de Persia (su ídolo entonces) y se empapa de los ideales de su familia, especialmente de los de su tío, un firme activista de izquierdas. Todo ello acompañado por el gusto por movimientos artísticos prohibidos, en especial su devoción por la música de Iron Maiden y Abba, entre otros, en una sociedad donde el auge del fundamentalismo impone el velo a todas las mujeres. Los padres (muy modernos ellos, como la abuela) deciden que lo mejor para su hija es que se traslade a vivir al extranjero. Es en Viena donde vive su difícil salto a la adolescencia, conoce a un grupo de jóvenes en el Liceo francés que serán sus amigos y descubre el amor, mejor dicho, la cara más amarga de éste. Su vida se tambalea, y la pobre Marjane acaba vagabundeando por las calles, entregada a un más que posible desenlace fatal.

Es destacable lo bien narrada que está su inadaptación a la cultura occidental, así como el sinsentido de su regreso a Teherán, una ciudad que ya no es como la recordaba, “un sitio que ya no está hecho para ella” según su madre y en la que finalmente toca fondo sufriendo una depresión de caballo. En su intento por recuperar las ganas de vivir (gran momento al son de “Eye of the tiger”), la protagonista decide estudiar Bellas Artes en la Universidad y se casa con tan solo veintiún años, aunque vuelve a sentirse como una inadaptada, esta vez en su propio país. Sigue siendo muy crítica con el Gobierno, la carrera no le contenta porque está muy adulterada por el régimen y su matrimonio no sale como ella esperaba. Su futuro, por tanto, está lejos de allí.

Después de todo este periplo que dura aproximadamente unos quince años, la historia termina con la joven emigrando a París, donde aún vive actualmente haciendo el trabajo que le gusta.

Una gran peli, sin lugar a dudas.

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